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Entramos en el Tercer Milenio convencidos de que los derechos humanos de cada persona en toda sociedad deben ser protegidos y reconocidos. Esta Carta ha sido proclamada para hacer realidad esta visión.
Los derechos humanos básicos aún son rutinariamente denegados a vastos sectores de la población del mundo, incluyendo entre los 600 millones, estimados gran parte de los niños, mujeres y hombres con discapacidades. Buscamos un mundo en el que la igualdad de oportunidades para las personas con discapacidad sea una consecuencia natural de políticas esclarecedoras y de legislación que apoye la completa inclusión y el acceso a todos los aspectos de la sociedad.
El progreso científico y social en el Siglo XX, ha incrementado la comprensión del único e invisible valor de cada vida. Aún la ignorancia, el prejuicio, el temor, rigen gran parte de la respuesta de la sociedad respecto de la discapacidad. En el Tercer Milenio debemos aceptar la discapacidad como una parte común de las variadas condiciones humanas. Según las estadísticas por lo menos un 10% de la población de cualquier sociedad, nace o adquiere una discapacidad y alrededor de una, de cada cuatro familias, incluye una persona con discapacidad.
En los países desarrollados y en vías de desarrollo, en el Norte y el Sur del mundo, la segregación y la marginalidad han colocado a las personas con discapacidad en los más bajos peldaños de la escala social y económica. En el Siglo XXI, debemos insistir en que existan los mismos derechos humanos y civiles para las personas con discapacidad como para todas las demás.
El Siglo XX ha demostrado que con la invención y la ingeniosidad es posible extender el acceso a todos los recursos de la comunidad, físicos, sociales, ambientes culturales, transporte, información, tecnología, comunicación de masas, educación, justicia, servicio público, empleo, deportes y recreación, religión y participación en los procesos eleccionarios. En el Siglo XXI debemos extender el acceso de los menos a los muchos, desmantelando todas las barreras ambientales, electrónicas y actitudinales para la plena inclusión en la vida de la comunidad. Con el acceso puede lograrse estimular la participación y el liderazgo, el calor del compañerismo, las glorias del afecto compartido, las bellezas de la tierra y el universo.
Cada minuto de cada día, más y más niños y adultos se añaden al número de personas con discapacidad como consecuencia del fracaso en la prevención de enfermedades prevenibles y el fracaso en el tratamiento de condiciones tratables.
La inmunización global y otras estrategias de prevención ya no son sólo aspiraciones: son posibilidades prácticas y de costo-efectivo. Lo que se necesita es la determinación política, principalmente de los gobiernos para dar fin a esa afrenta a la humanidad.
Los avances tecnológicos están teóricamente trayendo la manipulación de los componentes genéticos de la vida sin el control humano. Esto introduce nuevas dimensiones éticas al diálogo internacional sobre prevención de la discapacidad. En el Tercer Milenio debemos crear políticas que se compadezcan con el respeto y la dignidad de todas las gentes y el balance inherente y los beneficios derivados de la amplia diversidad entre ellos.
Los Programas Internacionales para asistir el desarrollo económico y social deberán requerir los estándares mínimos de accesibilidad en todos los proyectos de infraestructura, incluyendo tecnología y comunicaciones, para asegurar que las personas con discapacidad sean plenamente incluidas en la vida de las comunidades.
Cada nación debe mantener programas de cobertura nacional para reducir los riesgos que puedan conducir a impedimentos, discapacidad o invalidez, así como programas de intervención temprana para niños y adultos que puedan luego convertirse en personas con discapacidad.
Toda persona con discapacidad debe tener acceso a tratamientos, información sobre técnicas de ayuda propia y, si fuere necesario, la provisión de adaptaciones y apropiadas tecnologías.
Cada persona con una discapacidad, y cada familia con un miembro discapacitado, debe recibir los necesarios servicios de rehabilitación para optimizar sus condiciones mentales, físicas y funcionales, asegurando la capacidad de la persona con limitaciones de desenvolverse en su vida tan independientemente como cualquier otro ciudadano.
Las personas con discapacidad deben jugar un rol central en la planificación de sus propios programas de rehabilitación y apoyo y las organizaciones de las personas con discapacidad deben fortalecerse con los recursos necesarios para compartir la responsabilidad en la planificación nacional y la vida independiente.
Los servicios de la rehabilitación con base comunitaria deben ser promovidos nacional e internacionalmente como un enfoque sostenible y de posible mantenimiento de servicios.
Cada nación debe desarrollar, con la participación de las organizaciones de y para personas con discapacidad un plan integral con objetivos claramente definidos y fechas de programación para la implementación de los objetivos expresados en esta Carta.
Esta Carta pide a los Estados Miembros apoyar cuanto antes la promulgación de una Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad como estrategia clave para alcanzar estas metas.
En el Tercer Milenio, deberá ser la meta de todas las naciones convertirse en sociedades que protejan los derechos de las personas con discapacidad, apoyando su completa habilitación e inclusión en todos los aspectos de la vida. Para estos propósitos, la Carta para el Tercer Milenio ha sido proclamada como acción para toda la humanidad, en la convicción de que la implementación de sus objetivos es responsabilidad primaria de todo gobierno, de todas las organizaciones no gubernamentales e internacionales de relevancia.
Esta Carta fue aprobada por la Asamblea de Rehabilitación Internacional reunida en Londres, Reino Unido, el 9 de Septiembre de 1999.
Secretario General RI
David Henderson
Presidente RI
Dr. Arthur O'Reilly
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